Una elegancia discreta
La moda pertenece al tiempo. Nace para marcar una diferencia, afirmar una novedad e interpretar el espíritu de una época. Por su propia naturaleza, cambia, se renueva y deja atrás lo que la precedió. El gusto sigue otra lógica. Es una forma de juicio que se perfecciona con la experiencia, con el conocimiento y con la capacidad de reconocer las proporciones, el equilibrio y la calidad. No coincide con lo que está de moda, sino con aquello que sigue resultando convincente incluso cuando cambia el contexto. Esta es la diferencia entre seguir una tendencia y crear un estilo. Lo primero responde al deseo de estar a la altura de los tiempos. Lo segundo nace de la ambición de perdurar. Flexform ha elegido este segundo camino, haciendo de la medida, la calidad y la continuidad su propio lenguaje.
La gama cromática lo explica mejor que cualquier definición. Tonos neutros, cálidos, casi siempre tono sobre tono: beige, arena, gris paloma, gris cálido. Colores discretos, capaces de mantener inalterada su elegancia innata con el paso del tiempo. Flexform diseña sofás, sillones y muebles con la misma rigurosidad de un sastre que confecciona un traje pensado para durar: proporciones medidas, materiales de gran calidad al tacto y a la vista, detalles cuidados.
Es una elegancia que se vive con naturalidad, más cotidiana que excepcional, y a la que Antonio Citterio ha denominado «everyday elegance». Los muebles de Flexform no se limitan a ocupar el espacio, sino que lo habitan, convirtiéndose en fieles compañeros de los rituales cotidianos. En esta filosofía de diseño, el sofá representa la cúspide y el punto de partida para proyectar el espacio. «Cada sofá es una constelación de funciones diferentes», afirma Antonio Citterio: descanso, lectura, trabajo, conversación, convivencia, todo en un mismo espacio. Un espacio de estar multifuncional que refleja cómo se vive en el hogar contemporáneo.
Hay un público que reconoce este lenguaje estético mejor que ningún otro y que comparte una concepción diferente del lujo. La elegancia auténtica no se alcanza mediante la ostentación, sino a través de la coherencia. Existe un tono, igual que en la voz de una persona: bastan unas pocas palabras para saber quién está hablando. Son las proporciones estudiadas, los colores sobrios, la calidad de los materiales y la escala del diseño los que crean una identidad que se percibe de inmediato. El estilo es el hilo sutil que recorre una colección a lo largo de las décadas. Por eso, un sofá Flexform de hace veinte años dialoga con uno diseñado hoy: susurran con el mismo tono de voz.


















